En Argentina, el Chagas afecta a más de 1,6 millones de personas y 7 millones se encuentra en riesgo de contraer la enfermedad. Santiago del Estero es una de las provincias con mayor prevalencia, debido a la conjunción de una serie de factores socioambientales que propician la convivencia de las personas y la vinchuca, el insecto que transmite el parásito causante de la enfermedad. Para contribuir a la interrupción de la transmisión del Chagas mediante este vector, desde 2005 implementamos el programa de vigilancia y control de vectores con mejoramiento de viviendas rurales, que aborda la problemática del Chagas de manera integral e innovadora.
El trabajo comienza con la identificación de las necesidades específicas de cada comunidad, a través de un proceso que incluye evaluaciones de la presencia de vinchucas y el estudio de las características y condiciones sociales y demográficas de la población. Una vez recogidos estos datos, cada domicilio visitado se registra con un GPS y toda esa información es cargada en un sistema desarrollado específicamente para este proyecto. Posteriormente, se realizan acciones centradas en tres ejes: la vigilancia periódica de la presencia del insecto, el control de este a través de mejoras estructurales en las viviendas, y el acceso a diagnóstico y tratamiento para los afectados por Chagas.
Las intervenciones en las viviendas se enfocan en el revocado de paredes con materiales locales, la impermeabilización de los techos para evitar el ingreso de agua y el blanqueo de las paredes con cal para detectar las deyecciones de los insectos. A petición de la comunidad y debido a la necesidad de agua para el proceso de construcción, también se fabrican aljibes para el almacenamiento de agua segura, y se construyen letrinas con inodoro, pileta, techo, revoque y piso para mejorar las condiciones sanitarias generales. Además, se reubican y reconstruyen corrales para animales con materiales y técnicas adaptadas a las costumbres de los pobladores, y se educa sobre la importancia de mantener los animales fuera del área doméstica, para reducir contacto con el vector. Este mejoramiento se realiza con los integrantes de cada unidad familiar, previamente capacitados mediante talleres demostrativos, involucrándolos en todo el proceso y transformando su calidad de vida de manera significativa y sustentable.
Una vez que se asegura el control del vector, un médico y una enfermera toman muestras de sangre de todos los vecinos, las analizan, y entregan los resultados. También realizan chequeos médicos generales y, a las personas con Chagas, se les brinda el apoyo necesario para que puedan realizarse estudios complementarios y acceder al tratamiento.


Actualmente, el programa ha alcanzado la meta propuesta originalmente y ha reducido los índices de infestación intradomiciliaria de un 40% al inicio del proyecto a menos de un 1%. Los talleres de capacitación han permitido a los pobladores aprender oficios que se traducen en nuevas fuentes de trabajo e ingresos. La participación colaborativa ha fortalecido lazos comunitarios y ha empoderado a los participantes para impulsar cambios positivos hacia una mayor prosperidad. Y, además, el impacto del programa ha rebasado los límites de los parajes inicialmente intervenidos, siendo habitual observar en áreas aledañas mejoras realizadas por pobladores locales que "imitan" las propuestas llevadas a cabo por nuestro programa.
Con más de 500 viviendas mejoradas y 150 personas capacitadas, la experiencia adquirida en Añatuya nos ha preparado para expandir nuestros esfuerzos a otras zonas endémicas, demostrando la escalabilidad y adaptabilidad del programa a diferentes contextos.